Trayectos

La velocidad y la sensación que provoca el aumento desmesurado de esta, es una experiencia que podría definir hoy nuestra forma de percibir el entorno, y no solo porque existen espacios exclusivos para el tránsito como autopistas, aeropuertos, supermercados, estacionamientos, espacios donde se tiende a acelerar el flujo de los cuerpos que las circundan en favor de la eficiencia. Sino que también porque existe un catálogo de dispositivos tecnológicos que en el cotidiano media el contacto con el entorno y distribuye datos e imágenes bajo la misma lógica del tránsito y la aceleración. Registramos y compartimos información casi instantáneamente, en redes que no conocen fronteras y que, por tanto, otorgan la ilusión de estar presentes en muchos lugares a la vez, y de forma cada vez más directa. A la experiencia en estas autopistas se le demanda cada vez más inmediatez, con la misma y quizás más intensidad que a los lugares físicos de tránsito. Lo que provocaba antes solo un accidente de carretera ahora se experimenta cada vez que se caen los sistemas operativos, cada vez que la conexión a Internet falla; la frustración del estancamiento, nos invade. Se puede sentir la colisión cuando despegamos la mirada de la pantalla y observamos al otro.